Los más pequeños, un torero; los que pisan poco los tendidos, un mito; quienes no nos comprenden, un asesino; aquellos del alto del siete, una esperanza; los que peinan muchas canas, ná que ver con Manolete o Luis Miguel; los vizcaínos, un digno hijo del mismo Bilbao; los de José y Juan, fuera de discusión; mi Manuel González, ya puede uno morirse en paz; los de plata, un monstruo; los cabales... ¿quiénes son esos?
No siempre se santifican las fiestas como manda el reglamento, atendiendo y entendiendo lo que se dice en los templos. Los domingos de la primavera tardía esos de cero grados majestad sin frío ni calor, en Barcelona cuando el Madrid puede ser campeón de liga son días fastos y propicios para ser un digno entonador de la frase "yo estuve allí", de la que que bien se alardea en las barras, los mercados y hasta en los confesionarios. A ellos hay que acudir cuando se llega tarde a Misa, se piensa en las siete de la tarde y se sueña el sacrificio profano de los naturales en lugar del venerable del altar. Que si el profeta Jeremías, que si el Salmo que habla del rescate de la fosa, que si los corintios o los tesalonicenses, que si San Lucas. Es momento de prestar atención, no es acaso tan amable santo a quien se dedica la feria de Jaen? no está encima representado por un toro alado de esos que embisten a ritmo de cuatro por cuatro? ¡Siempre pensando en lo mismo! Una madre recrimina a su hijo a que guarde silencio, ¡que estamos en Misa! y ahora me viene el flash del último capítulo de Juncal y ese búfalo mandando callar a una turista en la plaza de Sevilla, shhh, en los toros como en Misa...
Alcanzada la atenuante de la venialidad pretendida son casi las dos de la tarde, el estómago reclamando árnica y el reloj empeñado en ralentizar al máximo la llegada de la hora séptima. No es ciudad taurina la condal, se nota y alardea de ello. Playas, ramblas, gaudies y gachises casi todas rubias y llende el Rhin cuanto menos. Siempre acoge a los raciales el buen amigo tigre; en sus fogones, gambas a la plancha, tomate partido y quintos de mahou congelados; empéñate en pedir un fanta de naranja o una ensalada de varios apellidos que el bueno del legionario te comienza a relatar el desembarco de Alhucemas. Pero, ¿no son ya las cinco? tigre, que nos vamos a los toros, que vuelve José Tomás. Un abrazo y bueno chavales dadme treinta eurillos que os habéis bebido la cara de Dios.
La cuadrilla del arte compuesta por un italiano que quiere meterse en esto de los toros y sus dos próximos apoderados se plantan bajo los huevos de pascua gigantes, que si Salva el del 7, que si la Marquesa de la Vega de Anzo, que si los polis Moronta y el pajarita, que si Serrano Carvajal, que si Andrés Amorós que si Manolo Lozano, en la gloria bendita, rodeados de los nuestros. ¿Dónde están estos catalanes? En la playa.
Gustaba el buen uso sevillano de poner el numero del caballito a prologar las tardes de toros de relumbrón. Daba tiempo de acomodarse en la piedra maestrante, de comprar pipas y pedir el whiskyse con mucho hielo. Un torero de Sabadell provincia de Córdoba es el nuevo caballista que hace de sparring para el número gordo. Su devenir por estas lides se va ajustar a abrir las actuaciones del esperado y ni tres naturales arrastrando la pañosa hicieron de fuelle a los 4/5 de asistentes con domicilio fuera de la Corona de Aragón a mostrar síntomas de agrado.
Y ya son las siete y casi media, atrás casi un lustro de orfandad, de silla vacante, de transición dentro de una democracia que no ha convencido a casi nadie. De Galapagar el tocado de la gracia, de azul josétomás y oro, enjuto y escurrido de carnes, de cejas tirantes, manos dispuestas a ordenar a las muñecas a enfilar giros de muchos kilos de billetes; su presencia es coloso de Rodas y faro de Alejandría. Proemió la hazaña con un quite por esas chicuelinas bajas bajas de cintura y de grito unánime de que vivan los Padres Jesuitas. Sólo ver el desprecio artista ante su oponente merece la pena recorrer centenas de millas. El toro inmóvil en la boca de riego, impávido ante un rival al que sólo puede encomendar su vida para una gloria desigual, uno al limbo de los justos, el otro al olimpo y al tomo 14 del Cossio que no existe pero debería redactarse solo con los testimonios de los que vieron la vuelta del que llevaban esperando. La lidia es un estado de ánimo que diría Valdano, el toque del percal es simbiótico, capotazos los imprescindibles y el cuatreño de Cuvillo reservando el resuello para la entrega absoluta. A Zabala padre le gustaba mucho decir eso de los toreros dejando el toro en suerte y saliendo por el pescuezo del caballo, va por ti maestro, que disfrute debieron tener en el balconcillo del vomitorio arcano viendo al enviado a reconquistar el reino de su mundo. Lo mandaron desde allí. En la tromba de naturales me viene a la cabeza lo poco que recordaba del Evangelio, ¿quién decís que soy yo? Pedro le contestó que el Mesías. Era el título perfecto de esta crónica mundana pero es previsible que alguno comparta el titular y por eso formulo la pregunta a la que yo respondo.
Yo digo como los más pequeños, eres un torero.
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